Mitosis de la nostalgia

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“How do you forgive a ghost?”

En mi cuarto hay cajones que no se abren, marginalizados del resto del “abrir y cerrar” y “sacar o meter” más cotidianos. Dentro de estos cajones hay cajas que tampoco se abren, asignadas a una posición estratégica como un punto ciego en el deslizar predilecto de la yema de mis dedos a través del espacio restante. Cápsulas del futuro que quedan rezagadas en la utilidad simultánea de otros objetos, exentas de fatiga motriz, porque desarrollan cierta inmunidad a mi reconocimiento accidental y, en algún otro punto menos ciego de la posteridad, el refinamiento o deterioro de mis hábitos va a desenterrar “los adentros”. Aunque es verdad que mi intento por extraer la intencionalidad de escenas fabricadas sólo genera este tipo de ironía deliberada, ningún cajón o caja se abre, ni se abrirá, si tengo fortuna impersonal.

Junto a mi escritorio hay libros ya leídos que no se vuelven a leer, prófugos del recorrido visual de la mera costumbre. Algunos marcadores se empolvan entre grosores diferentes de hojas de madera y papel, migajitas de pan que se dirigen hacia una identificación en sentido contrario, en reversa. Ni pastas duras ni blandas encapsulan narrativas que lleguen a desbordar sus cortes precisos, porque cualquier reminiscencia yace enterrada en el único otro escondite secreto fuera de este otro mueble. También es cierto que, de vez en cuando, me llega el olor a grafito y me permito seguirle el rastro detrás de mis párpados, y renglones enteros se subrayan en los márgenes limpios de mi memoria ya desafinada, llenando párrafos vacíos con notas extraviadas.

Y bajo mi almohada, llaves maestras para la resucitación. Tintinean en mis bolsillos mientras circulo libremente por las rutas subterráneas de mi actividad cerebral, el último escondite. Entonces “los adentros” se calcan sobre la metaforización mobiliaria sin querer, nos tropezamos y me transcriben a un pretérito semitransparente que termina arrullándome lejos de su respectiva llave. Pero a veces “los adentros” refunfuñan, me arrebatan las llaves y abren los espacios secretos sinfín como múltiplos de “meta” en “sueño”. Me ahuyentan hacia los túneles más profundos, más despiertos, y sólo queda desdoblarme en diferentes tiempos, expuesta a los puntos ciegos, a los márgenes, para abstraer el impacto mental: postales monocromáticas sin dedicatoria, sin dirección; libros a medio prestar con fotogramas atorados en páginas salteadas de un viaje ficticio.

Al fin, objetos que transitan por pasajes secretos, madrigueras provisionales en la gran construcción de mi futuro estándar, casi fortuito. Todo sin redescubrirse, recordarse o revivirse. Adentros, guardados y custodiados por barreras de madera descuidada. Todo bajo llave.

There is nothing left for me but to keep writing. Write and write until I understand it, me. Perhaps.

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